jueves, 6 de noviembre de 2014

Homicidios: los datos más duros

Las cifras del período 2007-2014 explican que las víctimas son los jóvenes de las zonas abandonadas. Se caen dos mitos: el robo seguido de muerte y los menores como protagonistas.

Infografías: Juan Curto para Barcelona Buró

Los homicidios en el departamento La Capital son registrados en unas rústicas planillas (ver aparte) por la Sección de Análisis Criminal de la División de Informaciones de la Unidad Regional I. Pausa pudo acceder a estos datos oficiales del período 2007-2014, los cuales son de manejo restringido de los funcionarios políticos, si bien deberían ser públicos.
* Datos hasta el 3 de noviembre de 2014.

A partir de las cifras en bruto, elaboramos estos cuadros descriptivos, cuyo objetivo es representar las distintas aristas de un fenómeno que saltó al tope de agenda este año, en el que llegamos a un record de muertos en nuestra región: 125 entre el 1º de enero y el 3 de noviembre de año en curso, 783 entre 2007 y 2014. Casi 100 por año, en promedio, y todavía falta el fin de año. En proyección, de acuerdo a la cantidad de muertes respecto de los días transcurridos, para el 31 de diciembre es esperable que el guarismo ronde las 150 víctimas en el departamento La Capital.

Jóvenes, varones, pobres
Desde 2007 a 2011 la cantidad de homicidios bajó casi de manera continuada  (de 116 a 75, con la excepción de un leve ascenso en 2009) y luego comenzó a subir (de 99 casos en 2012 a los actuales 125). Sin embargo, en todas las variables registradas las características son prácticamente constantes en los diferentes años.
Víctimas y sospechosos son varones muy jóvenes: en el período 2007 a 2014, el 65% de los muertos y el 61% de los supuestos matadores tienen 30 años o menos; el 90% y el 82% son hombres, respectivamente. Considerando los promedios de edad, se ratifica el dato: 29,8 años tienen los asesinados, 24,9 los sospechosos.
El peso de los menores de edad, en el caso de los supuestos victimarios, es menor: 19,76%.
En los barrios cubiertos por apenas 10 dependencias policiales de la ciudad se acumula el 65% de los muertos de todo el período (ver tapa). Estas dependencias son:
-Seccional 7, barrios Cabaña Leiva, Santa Marta, Ceferino Namuncurá, Loyola Norte, San Agustín, Norte Unido, Yapeyú.
-Seccional 10, barrios Bernardino Rivadavia, Liceo Norte, Estanislao López, 21 de octubre, Tránsito, Juventud del Norte, Escarafía, Sarmiento, San Martín, Piquete y Las Flores, Ciudadela Norte, San Pantaleón, Villa Hipódromo.
-Subcomisaría 12, barrios Loyola sur, 20 de Junio, Juana Azurduy, Las Lomas, Cabal, Santo Domingo.
-Seccional 6, barrios Ciudadela norte, San Pantaleón, Schneider, Pro Mejoras Barranquitas, Unión y Progreso Barranquitas, Barranquitas Oeste, Barranquitas Sur, Parque Garay.
-Seccional 8, barrios Guadalupe Oeste, Guadalupe Este, Guadalupe Noreste, Coronel Dorrego, Central Guadalupe, La Esmeralda, Altos del Valle.
-Subcomisaría 2: barrios Santa Rosa de Lima, Estrada, 12 de Octubre.
-Subcomisaría 1: barrios Centenario, San Gerónimo, Chalet.
-Comisaría Distrito 24 de Alto Verde.
-Subcomisaría 10, barrios San Lorenzo y Arenales.
-Seccional 2, barrios Mosconi, Roque Saénz Peña, Centro, Sur, San Lorenzo, Chalet.
Como es evidente en la abrumadora enumeración, estas seccionales, comisarías y subcomisarías cubren los territorios más carenciados de la ciudad. Si se considera que, además, el 13,7% de los homicidios acontece fuera de Santa Fe –en Santo Tomé, Sauce Viejo, Rincón, Laguna Paiva, Monte Vera, Ángel Gallardo, Recreo o Nelson, por nombrar algunos distritos del departamento La Capital– poco más del 20% de los asesinados corresponde a las áreas más ricas y con mayor infraestructura en todos los niveles, incluso el de la seguridad si se contempla, por dar un ejemplo, la inversión en cámaras de monitoreo por videovigilancia o el gasto privado en servicios paraestatales.

La propiedad 
Los homicidios en ocasión de robo apenas se dan en el 7% de los casos. La cifra disuelve una de las imágenes más patentes y atemorizantes del discurso mediático sobre la inseguridad, si bien, por otro lado, no disponemos de un dato sobre los robos que fueron acompañados por lesiones que no acarrearon la muerte.
Aun así, en los últimos cuatro años se dan los guarismos más bajos respecto del robo como causal: 5,17% en 2014; 3,7% en 2013; 5,05% en 2012; 5,33% en 2011. En los años anteriores las cifras siempre superan el 9%, llegando casi al 12% en 2009 y al 11,2% en 2007. Para decirlo sin ambigüedad, el robo no es una variable que determine por sí misma la suba o la baja de la tasa de homicidios; en los últimos cuatro años el porcentaje en casos de robo se mantuvo bajo y casi constante, pero la cantidad de asesinados aumentó sin pausa.
La proliferación de armas de fuego, y sus efectos, son patentes. El 73% de los homicidios involucran su uso. Por ende, la circulación de los fierros y las municiones es un punto crucial en los modos en que se efectiviza y facilita el accionar violento. Ese mercado se nutre de alquileres de armas, prestanombres para comprar balas, tumberas –armas de fuego de fabricación casera–, pistolas, escopetas y revólveres robados de las viviendas de aquellos que creen que aportan a su bienestar con la posesión de esos letales instrumentos y, finalmente, policías corruptos (“A mí no me caben dudas de que un sector del mercado ilícito viene de ahí. Hay sumarios por gente que pierde el arma”, reconoció el ex Secretario de Seguridad Pública Matías Drivet en Pausa #144).
Ajuste de cuentas, discusión o conflicto interpersonal, gresca o riñas, problemas familiares, enfrentamientos armados, femicidios o crímenes “pasionales”: aproximadamente el 63% de las causales apuntan a un probable conocimiento previo entre las víctimas y los victimarios.
Así, estaríamos hablando de contextos territorialmente situados, vidas cotidianas signadas por la violencia mortal.

Y el abandono
Es una perversión estigmatizar al sector social que más padece la violencia. Las verdaderas víctimas de la inseguridad son los pibes de las barriadas: esos jóvenes de gorrita, short futbolero y altas llantas que son mirados con terror. Circulan por mundos cuya lógica está cruzada por las economías ilegales de los placeres que se curten a pleno fuera de sus territorios, prostitución y drogas para la gente bien, en primer lugar y como más preciado objetivo de la oferta.
Los lugares donde el reticulado más fino de estos mercados hace estragos en las relaciones sociales son también los espacios más abandonados en todos los aspectos infraestructurales: desde el agua y las cloacas a la educación superior y el alumbrado público, pasando por viviendas de espanto y calles intransitables hasta deficientes servicios de salud.
Ubicados en el territorio según la dependencia policial, estos son homicidios registrados entre 2007 y 2014 en la ciudad de Santa Fe y otras localidades del departamento La Capital.

A esta superposición hay que sumarle la continuidad de estas condiciones en el tiempo y el peso que tiene –sobre todo en los varones– la destrucción de las antiguas relaciones sociales propias de la época de las sociedades de pleno empleo, una forma de capitalismo que cuyo retorno es estructuralmente imposible. Pobres y sin destino de inserción en una economía que en todo el mundo produce población sobrante desde la década del 70 del siglo pasado, víctimas y victimarios de los homicidios conviven  en una brea de violencia que los une y condena.    
El abandono está endurecido como una roca; ha fraguado demasiadas décadas como para que hoy esta ola de sangre resulte asombrosa. Al contrario, lo asombroso es que todavía se celebre la idea de que esa violencia se puede detener con la baja de la edad de imputabilidad o con más represión y mano dura, con más fuego derramándose sobre la sangre.

Acerca de la calidad de las fuentes oficiales

La información sobre los homicidios es oficial y fue cargada por la Sección de Análisis Criminal en Excel, un programa diseñado para contabilidad, no para estadística. Pausa accedió a estas planillas impresas, por lo que se procedió a su digitalización y a un chequeo posterior de esa carga. En la planillas aparecen datos sobre día y hora del hecho de violencia y de la defunción, dependencia policial, localización del hecho, domicilio, nombres y edades de la víctima y del o los sospechosos, antecedentes de los sospechosos, arma utilizada y causal del homicidio. 
Se trabajó sobre un total de 774 casos, ya que el último registro completo corresponde al homicidio 116 de 2014.
A la falta de pertinencia del programa usado originalmente –que por como fue empleado no permite, además, una tabulación y cruce de datos significativos– se suman las muy evidentes deficiencias en el cargado mismo de la información.
Entre otros aspectos, sobresale la fluctuación en los criterios para consignar las causales y detallar la utilización de las armas. Variables significativas como la hora en que acontecen los homicidios sólo se ofrecen a partir de 2010. Varias veces no coinciden la cantidad de sospechosos con la cantidad de edades que se les asignan. El número de casos en que no hay datos respecto de los antecedentes de los sospechosos vuelve irrelevante la consideración de la variable. El modo en se cargaron las direcciones del lugar del homicidio y de los domicilios de víctimas y sospechosos vuelven completamente imposible una geolocalización digital automática. En el colmo, la notación incorrecta de los nombres de las propias dependencias policiales se repite sin cesar.
Por lo observado, es casi impracticable producir conocimiento estadístico relevante a partir de la elaboración de estos registros originales, tal y como los encontramos. Hubo que realizar un trabajo casi artesanal para generar la información aquí expuesta.
Un tratamiento profesionalizado de una cuestión tan sensible se vuelve algo urgente. Según prometió el ministro de Seguridad Raúl Lamberto en noviembre de 2012, el Ipec se iba a encargar de sistematizar estos datos. Todavía no se sabe si efectivamente comenzaron con esa tarea.

Después del cierre

La agencia TELAM comparó las tasas de homicidios en las ciudades más importantes de las provincias centrales: Buenos Aires, Santa Fe y Córdoba. De allí se desprende que el Gran Santa Fe y alrededores registró este año, al 3 de noviembre, 125 homicidios dolosos, lo que implica una tasa de 25 crímenes cada 100 mil habitantes, mayor a la de Rosario y que supera el doble de la de los distritos bonaerenses más densamente poblados.
Si se compara la tasa de Santa Fe con otras ciudades, del informe se desprende que resulta más alta que la de Rosario, donde viven 1.193.605 personas y en 2013 se cometieron unos 250 homicidios, lo que arrojó una tasa de 20,9. En tanto, de acuerdo a las últimas estadísticas oficiales, la misma tasa en Córdoba fue de 5,11 y en la Capital Federal alcanzó a 5,46.
En la provincia de Buenos Aires, durante todo 2013, el departamento judicial Quilmes, que abarca el partido homónimo, Berazategui y Florencio Varela, y suma 1.333.192 habitantes, tuvo 163 homicidios y una tasa de 12,2; seguido por Mar del Plata, con 723.685 habitantes, 82 homicidios y una tasa de 11,33; y La Matanza, con 1.775.816 habitantes, 178 homicidios y una tasa de 10,02.

Publicada en Pausa #145. Pedí tu ejemplar en estos kioscos de Santa Fe y Santo Tomé.